Ahora que la situación económica y el incremento en la recaudación lo permiten, el presidente del Gobierno de la nación, Mariano Rajoy, ha anunciado que se adelantará a este mes de julio de 2015 la segunda rebaja del IRPF de esta legislatura, que estaba prevista para 2016, y ha mejorado al alza la previsión de crecimiento de España, cuyo PIB ya crece a un ritmo del 4%.

Bajar los impuestos es posible: lo hicimos en los pasados años noventa, lo hicimos a principios de este siglo y ahora lo hemos vuelto a hacer. A partir del 1 de julio, los contribuyentes vamos a tener un ingreso adicional de unos 1.500 millones de euros este año, que ya se aplicará en la nómina de este mes.

Esta es una medida que beneficia sobre todo a las rentas medias y bajas, a las familias con hijos y a nuestros autónomos, que están de enhorabuena también por otro motivo: para favorecer su liquidez y capacidad inversora, todos los profesionales contarán con el tipo de retención del 15%, que hasta ahora solo se aplicaba a aquellos con rendimiento inferior a 15.000 euros. Cada autónomo ahorrará este año una media de 700 euros.

Además, con la revisión al alza de la previsión de crecimiento de España, que pasa a ser del 3,3% para 2015 y el 3% para 2016, podríamos estar ante el ciclo expansivo más largo de nuestra historia reciente. Es un mérito de todo un país que encadena casi dos años consecutivos de creación de empleo, en el que el reto de reducir la línea roja de los 4 millones de parados está cada vez más cerca.

Este tipo de cosas suceden en un país que se ha esforzado por entrar en un tiempo nuevo. Bajar los impuestos como ya se han bajado en España no es un anuncio electoralista, es mejorar la renta disponible de los ciudadanos, que han trabajado por recuperarse de los efectos de una grave crisis económica, y es apoyar el crecimiento partiendo de las empresas, que en muchos casos han sabido adaptarse a las complicadas circunstancias, haciendo un esfuerzo por innovar, como ocurrió en Reino Unido, como ocurrió en Irlanda y como está pasando ahora en España.

Citando a un economista de prestigio como Daniel Lacalle, «bienvenido sea el electoralismo cuando es devolver a los contribuyentes el fruto de su trabajo, que en este país parece que lo único electoralista es prometer gastar más… con nuestro dinero». Porque no podemos engañarnos, los servicios públicos los sostenemos entre todos y los pagamos con nuestros impuestos.

La pregunta ahora es dónde están todos aquellos que hablaban de los «Viernes de Dolores» y de las malas noticias. Dónde están quienes decían que no era posible crecer y crear empleo. Los españoles estamos creando empleo y estamos creciendo, y nuestro mayor desafío es consolidar ese modelo frente a quienes decían que nuestras reformas eran un error.

Qué paradoja. Hoy miramos casos extremos como el de Grecia casi con lejanía, reclamando responsabilidad al Gobierno de Tsipras, cuyas desacertadas medidas han hecho que su ya maltrecha economía vuelva al crecimiento negativo, cuando a finales de 2011 era España la que se encontraba al borde del abismo, la intervención o el rescate.

Hemos asistido con honda preocupación al agravamiento de la crisis en Grecia, con el cierre de los bancos y una nueva oleada de ajustes forzosos encaminados a evitar su salida del sistema del euro. Un 90% de su PIB corresponde a préstamos de la Unión Europea, y afrontan un 2015 en franca recesión, necesitados de un programa de reformas severas que permitan la recuperación. Si bien los griegos son los primeros perjudicados, esta situación nos afecta y mucho a todos los europeos.

Hoy domingo, cuando lean este artículo en el periódico EL DÍA, estaremos afrontando una jornada clave para el futuro del euro. No tengo ninguna duda de que la mejor historia reciente de Grecia está escrita dentro de la Europa de los 28, por lo que confío en que los griegos sabrán elegir su mejor futuro.

Todos queremos que el hermano país siga a bordo de este proyecto político y económico, pero la ruptura de las reglas de la moneda única no puede ser unilateral, y pase lo que pase en Grecia el euro seguirá adelante y España estará en el vagón delantero, creciendo muy por encima de la media de la Unión Europea.

Esto no es casualidad: con todos los claroscuros que ustedes quieran, la España de hoy y la que nos dejaron los socialistas a finales de 2011 no tienen nada que ver. Se ha operado un cambio fundamental que pedían y han protagonizado los españoles, y que aplauden todos los inversores internacionales. Tenemos muy claro que debemos consolidar ese cambio para que sus efectos alcancen a todas las familias y a todos los desempleados a los que tiene que llegar.

Yo abogo por que esos índices de crecimiento también se consoliden en Canarias. Me resisto a pensar que en nuestra tierra es imposible bajar los impuestos y crear más empleo, como ya se hace en el resto del país. Esta semana Canarias tendrá nuevo presidente del Gobierno y la noticia debería ser que nos sumamos a las rebajas fiscales y las reformas administrativas que faciliten de verdad la vida a los vecinos.

Si todo sigue el guión establecido, Fernando Clavijo Battle será investido presidente y contará con el mismo socio de Gobierno, el PSOE. Solo nos queda saber si será capaz de convencer a los socialistas de que el sentido común impone bajar también el tramo autonómico del IRPF y el IGIC, y suprimir el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, porque esta sí es la música que, gobierne quien gobierne, quieren escuchar los canarios de las ocho islas.

O lo que es lo mismo, bajar los impuestos una hora antes en Canarias.