¿Es normal que se tarde lo mismo en entrar o salir del puerto de Los Cristianos que en hacer el trayecto Los Cristianos-La Gomera? Entiendo que no. Y así lo han entendido también los grupos políticos presentes en el Parlamento al aprobar esta semana una proposición no de ley de la Agrupación Socialista Gomera en la que pedía un plan de actuación para este recinto.

Todos los que vivimos en Tenerife sabemos cómo se encuentra esta infraestructura portuaria y, sobre todo, sus accesos. Y nos enfrentamos día tras día a otra crisis: la de las colas. Pero no sólo en este enclave, sino también en la autopista. Los cientos de miles de pasajeros que llegan -sólo entre julio y agosto recibimos por esta vía a 250.000- tienen que aguantar estoicamente el caos circulatorio que se forma para entrar o salir de Los Cristianos.

Es algo que no nos podemos permitir. Que turistas y no turistas se queden con la sensación de que pasan más tiempo en una cola que en una playa. Que parte de nuestro día a día lo pasemos metidos en los coches porque el Sur está colapsado. Que ir a trabajar, una cita médica o llevar los niños al colegio, por poner ejemplos cotidianos, se convierta en un suplicio al dedicar el doble de tiempo que lo realmente necesario.

En el caso del puerto de Los Cristianos estamos hablando de residentes, viajeros, tráfico de mercancías, barcos que llegan y salen, y todo ello se concentra en un espacio realmente acotado para albergar el gran volumen de movimiento que pasa por estas instalaciones.

Esta situación también provoca daños colaterales en el sector comercial tanto de la zona de San Telmo como de la avenida Suecia, donde vecinos y empresarios comprueban cómo los clientes no acuden a sus establecimientos para evitar el caos circulatorio.

Pero, como apunté, esto no sólo ocurre en Los Cristianos, sino que ya es una «enfermedad» en toda la comarca. Las colas de la autopista que se forman a primera hora desde San Isidro y que se alargan hasta Las Américas o Adeje, por no hablar del cruce de Las Chafiras-Oroteanda o de las retenciones que se producen por la tarde en la TF-1 sentido Santa Cruz.

Siempre decimos que el Sur es el motor económico de la Isla, pero también vemos las grandes carencias que presenta para que de verdad lo sea no sólo de palabra, sino con hechos. Aeropuerto, puertos, carreteras o infraestructuras sanitarias son ejemplos de las carencias que presenta la comarca. Frente a esto debemos tener previstos los mejores proyectos siempre que los podamos ejecutar, financiar, pagar y mantener.

Créanme cuando les digo que no soy amiga de alimentar discursos sobre si una zona está más o menos abandonada. Podemos pensar que en algún momento no fuimos capaces de imaginar el crecimiento que experimentaría el Sur en estos últimos años. Pero hay algo que tengo claro como chasnera que me considero: esta comarca ya no puede vivir sólo de anuncios. Los sureños necesitamos hechos.

Aquí no se trata de buscar culpables. Es hora de que todas las administraciones implicadas arrimen el hombro y afronten el compás de las soluciones necesarias, sin matices, sin intereses partidistas o electoralistas.

Recuerdo un refrán que oía mucho cuando era niña y que decía que no es más rico el que más tiene, sino el que menos gasta o gasta bien. Esta debe ser la premisa para proyectar y definir cuáles son las prioridades para esta comarca, sin caer en obras sobredimensionadas o condenadas al olvido, porque no cumplen con su cometido.

Hay que buscar remedios provisionales y trabajar al mismo tiempo en soluciones a largo plazo para las grandes infraestructuras que el Sur de Tenerife reclama. Y todas ellas tienen que estar a la altura de la mejor calidad e innovación que debemos ofrecer a los turistas, pero sobre todo al nivel de lo que exige y merece nuestra gente.

Mañana será tarde para el Sur.