«Ayudar a la gente y querer un mejor país no es un delito». Estas fueron las palabras que utilizó la esposa del dirigente Leopoldo López, Lilian Tintori, el pasado sábado tras conocer la detención de los médicos que recibieron las donaciones de insumos en el Hospital Magallanes de Catia. Un ejemplo más de la falta de normalidad democrática y la falta de libertad en la que está sumida Venezuela y de la que el Partido Popular lleva años alertando.

En el Parlamento de Canarias, yo misma he tenido el privilegio de defender los derechos y libertades de este país y de dar voz y memoria a los canarios que lamentablemente ya no están con nosotros. Nombres como Andrés Lorenzo, Alejo Tabares, Miguel Martín, Francisco Javier Rodríguez o Wilder Carballo son sólo algunos casos de hermanos nuestros, de canarios o hijos de canarios que un día viajaron a aquel país a buscar una vida mejor, cuando en Canarias, en nuestro archipiélago Atlántico apretaba el hambre y la pobreza.

De aquella tierra prometida que con tanto cariño nos acogió, hoy vemos con tristeza cómo Venezuela se ha convertido en un país inseguro, con una tasa de 82 muertes violentas por cada cien mil habitantes. Unos datos que la convierte en el segundo país con más homicidios en el mundo, superado sólo por Honduras.

Pero no sólo hablamos de muertes, sino también de secuestros, de robos, de desabastecimiento de productos y servicios básicos, de inflación y de inseguridad. Por no mencionar el hecho de que los canarios retornados que en su día cotizaron llevan más de un año sin cobrar sus pensiones.

Ante esta triste realidad, sólo puedo añadir lo que he repetido en mis numerosas intervenciones: cualquier Parlamento democrático que se precie no puede ponerse de perfil ante lo que está ocurriendo en Venezuela. Por eso, acepté gustosamente la invitación que me trasladó la presidenta de la asociación VenEuropa, Patricia Betancourt, para participar en un acto organizado en Bruselas el pasado miércoles.

Con motivo de la semana mundial de los Derechos Humanos, varias asociaciones civiles y representantes de partidos políticos hemos mantenido una jornada de trabajo organizada por los eurodiputados Luis de Grandes y Beatriz Becerra, a los que quiero agradecer su implicación para que venezolanos procedentes de varios puntos de Europa hayan podido tener voz en las instituciones comunitarias.

Tras ser recibidos por la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mongherini, y hacerle entrega de varios informes, participamos en una concentración en las escaleras del Parlamento Europeo, para después ser recibidos por el presidente de esta Cámara, Martin Schulz.

A continuación, mantuvimos un encuentro bajo el título «Violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela: Informes actualizados 2016» en el que participaron los eurodiputados del PP, Carlos Iturgaiz y Teresa Jiménez Becerril, los del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, José Inácio Fario y María Teresa Giménez, además de Grandes y Becerra, y donde en nombre de los venezolanos pudieron trasladar la situación que se vive en este país. El momento más impactante fue escuchar los testimonios de dos jóvenes, Gabriel Martínez e Israel Colmenarez, que fueron encarcelados, torturados y que, afortunadamente, lograron escapar.

Con estas intervenciones quedó claro que lo que está ocurriendo en Venezuela no puede ser una cuestión que debamos debatir por cuestiones ideológicas. Como también creo que no podemos agarrarnos al discurso de no molestar mucho por miedo a que haya represalias contra los canarios que viven allí. ¿Acaso ya no las hay?

Lo que ocurre en Venezuela es un asunto de libertad y de democracia. Y Canarias y los canarios, por los lazos históricos, culturales, políticos y económicos, pero sobre todo por los lazos personales que nos unen a este país que cariñosamente llamamos y sentimos como la Octava Isla, no podemos darle la espalda ni ponernos de perfil.

Nuestro corazón siempre con Venezuela.