Mayo nos recuerda quiénes somos: europeos por convicción, canarios por identidad y frontera viva entre continentes.
Celebramos la primavera, celebramos el 9 de mayo —Día de Europa— y celebramos el 30 de mayo —Día de Canarias—. No son fechas aisladas. Son una oportunidad para parar, mirar atrás y, sobre todo, decidir hacia dónde queremos ir.
Porque Europa no es algo lejano. No es solo Bruselas. Europa se construye cada día, en cada territorio, con decisiones concretas, con ambición y con esfuerzo. Y Canarias, aunque a veces lo olvidemos, es también Europa. Una Europa singular, sí: ultraperiférica, atlántica, frontera. Pero profundamente europea.
Desde la adhesión de España en 1986 a las entonces Comunidades Europeas, nuestro archipiélago ha vivido una transformación profunda. Europa ha sido estabilidad, modernización, apertura y oportunidades. Programas específicos como el POSEI, el reconocimiento de nuestra singularidad como región ultraperiférica o los fondos estructurales han sido claves en ese desarrollo.
Pero también es cierto que no todo lo hemos hecho igual de bien.
Hemos crecido. Y mucho. Pero no siempre de forma equilibrada.
El turismo nos ha dado prosperidad, empleo y bienestar durante décadas. Ha sido —y seguirá siendo— un pilar fundamental de nuestra economía. Pero también nos ha hecho dependientes. Y en un mundo cada vez más incierto, depender en exceso es un riesgo.
Lo vimos con la pandemia. Lo estamos viendo con la crisis energética. Y lo veremos, sin duda, con las próximas tensiones globales que lleguen.
Por eso, este mes de mayo no puede ser solo celebración. Tiene que ser también reflexión.
Canarias necesita dar un paso más. No se trata de cambiar lo que somos, sino de reforzarlo. De hacerlo más sólido, más resiliente, más nuestro.
Y ahí el sector primario vuelve a cobrar todo el sentido.
Durante demasiado tiempo lo hemos mirado como parte del pasado, cuando en realidad es una pieza clave de nuestro futuro. Agricultura, ganadería y pesca no son solo tradición: son soberanía, equilibrio territorial, identidad y oportunidad.
No podemos seguir hablando de relevo generacional si nuestros jóvenes no pueden vivir dignamente del campo. No podemos pedir vocación sin garantizar condiciones. No podemos defender el producto local si no aseguramos su viabilidad.
Recuperar rebaños, apostar por el pastoreo, cuidar nuestros suelos, apoyar a quienes trabajan la tierra o el mar… no es nostalgia. Es inteligencia económica, social y territorial.
Y además, es coherente con el turismo que queremos.
Porque el visitante de hoy —y más aún el de mañana— no busca solo sol y paisaje. Busca autenticidad, calidad, producto fresco, identidad. Quiere consumir territorio, entenderlo y saborearlo.
El turismo del futuro no viene solo a ver Canarias. Viene a vivir Canarias.
Y ahí tenemos una oportunidad enorme.
Europa puede y debe ser un aliado clave en este camino. No solo como financiador, sino como socio estratégico. La política agrícola común adaptada a nuestras singularidades, los fondos para la transición ecológica, el apoyo a jóvenes agricultores, la innovación rural y el Fondo Social Europeo —clave para la formación, el empleo y la cohesión social— son herramientas que debemos aprovechar mejor.
Pero también exige responsabilidad por nuestra parte.
Europa no sustituye la estrategia. La acompaña.
Y en paralelo, no podemos olvidar algo esencial: nuestra posición en el mundo.
Canarias no es solo un destino turístico. Es una plataforma estratégica en el Atlántico, un puente entre Europa, África y América. Lo que ocurre en nuestro entorno más cercano —especialmente en África occidental— no nos es ajeno. Nos afecta directamente.
Por eso, contribuir al desarrollo, a la estabilidad y a la creación de oportunidades en esa región no es solo una política de cooperación. Es, sobre todo, una política de inteligencia.
Porque la realidad es clara: o contribuimos a generar oportunidades, estabilidad y futuro en nuestro entorno más cercano, o ese desequilibrio terminará llamando a nuestra puerta.
Y no siempre lo hará en forma de turistas.
Este mes de mayo, entre Europa y Canarias, entre la celebración y la reflexión, tenemos una oportunidad.
La de recordar lo que hemos logrado.
La de reconocer lo que no hemos hecho bien.
Y, sobre todo, la de decidir qué queremos ser.
Más Europa.
Más Canarias.
Más estrategia.
Menos dependencia.
Porque Europa se construye cada día.
Y Canarias también.
Y esta vez —lo sabemos— no podemos permitirnos llegar tarde.
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